Los cazadores de princesas viven en una fábula. Cierran los ojos, se imaginan un mundo ideal paralelo, de fantasía y ensueño. Pero para poder recrear esa fantasía, necesitan capturar la energía de una princesa.
La búsqueda es precisa y la caza es rápida. Las localizan por su sonrisa y las capturan por su inocencia. Al principio, no les hacen daño, pero las atraen para atraparlas en su tela de araña y jugar…
Como un niño, se acaba aburriendo del juego y busca un nuevo juguete que probar.
Los cazadores de princesas coleccionan trofeos, pero las dejan sanas y salvas donde las cazaron, para que traten de recuperarse y sigan su camino. No siempre lo consiguen…





Los cazadores de princesas se decepcionan cuando descubren que la princesa guerrera también necesita cuidados, o cuando la princesa mimosa tiene personalidad. Nunca están conformes. Algunos juegan a ser ellos los desvalidos, heridos por la princesa, y la pobre ingenua cuando lo descubre ya es demasiado tarde.
Muy cierto…