Diferentes formas de ver la muerte

Aún recuerdo el día que murió mi abuelo. Era tan pequeña que nadie me dijo nada, simplemente, él ya no estaba y la familia andaba triste. No recuerdo haber visto a mi abuela aquel día, seguramente estaría llorando mucho. Sólo me acuerdo de la casa de la yaya. Yo andaba por allí, rodeada de la familia y, aunque sabía lo que había pasado, no lo comprendía y no me ponía triste.

Sin embargo, esa misma noche soñé con mi abuelo, que venía a casa de la yaya y llamaba a la puerta. Yo lo veía y me extrañaba.

De él recuerdo, sobre todo, los cinco besos que le daba cada vez que venía o me iba. Una mejilla, otra, frente, nariz y barbilla. No me gustaba dar besos, sin embargo, es lo único que recuerdo de él.

Después murió mi bisabuela. Yo conocí a la abuela Paca con la cabeza perdida ya. Era pequeña y me gustaba hacerla de rabiar. Iba a grabarla, cuando estaba acostada, con mi radio con micro. Decía muchas barbaridades y me hacía gracia aquello.

Cuando murió, llegué a verla. La gente la velaba en su cuarto y ella estaba allí, en un ataúd. Ya no sé si fue un sueño, que me lo imaginé por influencia de las películas o lo que sea. Pero lo vivo como algo que pasó en realidad.

Cuando murió el Terry, el perro de mis yayos, lloré mucho y me sentí culpable. Era la primera vez que comprendía lo que era la muerte: él ya no volvería. Lloraba, abrazada a mi madre, pero no quería hacerlo. Me sentía culpable, porque sabía que por mi abuelo no había llorado y que las personas eran más importantes. Lloré.

Pasó mucho tiempo hasta que volvió a morir alguien realmente cercano. Mi abuela, la de mi padre, murió hace varios años. Estaba muy mal y padecía del corazón, como todos en esta familia. Se fue apagando poco a poco, como una vela. Apenas lloré, porque salvo ese día del velatorio, no pude notar su ausencia. Nunca he visto muy a menudo a la familia de mi padre. Sentí la pérdida, por supuesto, porque yo soy parte de ella, como lo fue mi padre. De hecho, sé que me parezco demasiado a esa rama de la familia, a veces.

Luego le tocó a mi padre. Hace unos meses y parece que fue ayer, porque a veces creo que no soy consciente de lo que pasó aquel día. Supongo que nunca llegas a asimilar la desaparición de una persona tan cercana, a pesar de que vivía con él y de que lo veía cada día. Con él sí que lloré, aunque tuve que aguantar mucho, no sé si por hacerme la fuerte o por el shock que me produjo aquello durante varios días.

Van pasando los años, la gente se va yendo y tú vas creciendo. Extraño aquel tiempo en el que no me daba miedo la muerte, porque no sabía lo que era. Aquellos años en los que nadie te decía que uno u otro había muerto, cuando no tenías que ir a entierros o a cementerios. Cuando era más fácil olvidar y conformarte con los recuerdos.

Acerca de sarappm

Periodista desterrada, escondida en un rincón de internet. Mente inquieta. Amante de Android, casada con Google y viviendo un reciente noviazgo con Google+. Pero mi amor verdadero es Twitter. Me encanta idear...inventar y crear. ¡Ilusión y ganas! En busca de la felicidad. ¿Mis intereses? Todo lo que pueda entender y contar. Me conocerás en @sarappm.
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