Y el silencio dejó de existir

Llevaba tiempo queriendo hacer esto y creo que me llegó la inspiración. Han sido 9 meses muy duros y lo peor es que continuará. 9 meses sin silencio. Mi mayor temor es que ese ruido que empezó a acompañarme en septiembre vaya a peor, pero ¿sabéis qué? Ya no me da miedo que se quede conmigo para siempre. Si se queda chiquitito, le invito a quedarse y que se porte bien.

Hace nueve meses, tras las vacaciones de verano, estaba en la oficina y empezó a entaponarse mi oído izquierdo. Al principio, parecía algo puntual sin importancia. Pero cuando se empezó a repetir, pensé que sería algún tapón. Ya hace muchos años tuve uno y no tuve muchos problemas, por lo que tampoco me alarmé. De un día para otro, la sensación de entaponamiento fue acompañada de un zumbido. Ahí la cosa cambió y sí que parecía preocupante.

Sí, suelo ser algo alarmista y los que me conocen lo saben, sobre todo en temas de salud. Decidí ir al médico de cabecera, para averiguar qué era aquel ruidillo que empezó a acompañarme a diario. Recuerdo que al principio variaba en función de la postura que cogiese, o eso pensaba yo. Si ponía el cuello en determinada postura, parecía que el sonido era más leve… Pero con el tiempo lo de la postura dio igual.

Entre en el médico de cabecera y salí más o menos igual que fui. Me mandó un líquido para la nariz, por si era de respirar mal… Aunque yo no notaba ninguna mala respiración, ni estaba resfriada, de ahí mi escepticismo…

El ruido fue a peor, no recuerdo si pasó a ser un pitido, si el zumbido se alternaba con sonidos más agudos, pero aquello se convirtió en una auténtica pesadilla. Por las noches me quitaba el sueño y por el día no se me iba de la cabeza aquel infernal sonido. Llegó un momento en el que ni el ruido ambiente me aliviaba. Hasta me ponía a canturrear y mi novio me miraba con caras raras.

Fueron unos tres o cuatro meses muy largos. Un día fui a Urgencias asustada, porque nadie me daba un diagnóstico. Hasa que, finalmente, mi médico de cabecera me pidió cita para el otorrino. Una cita que tardó y que sólo me llevó a una resonancia que tardo casi más. Durante ese tiempo, mi desesperación fue a peor y siempre andaba triste.

Una persona, que parece que me conoce más de lo que yo creía, me ayudó y me consiguió cita con un otorrino privado. Ese día salí esperanzada e ilusionada de ese médico. No me dio solución, pero sí me ofreció indicios de lo que podría tener. Me hizo varias pruebas (más que las del otorrino al que fui por lo público) en su consulta. Me comentó dónde podría estar el problema y qué debía hacer: algunos análisis, algunas medicinas, evitar medicamentos ototóxicos… Y esperar la resonancia. También me dijo que me cuidara de los ruidos fuertes, ya que también desarrollé hiperacusia.

¿Sabéis lo peor de todo? Que a estas alturas de la historia nadie me había dicho la palabra “acúfenos” o “tinnitus”. En realidad, nadie quería mojarse y darme un posible diagnóstico, que me parece bien, pero nisiquiera me ofrecieron posibilidades… En esas circunstancias, yo me temía lo peor.

acufenos

Tengo que añadir que ambos otorrinos me hicieron una audiometría con la que me detectaron pérdida de audición de los sonidos graves en el oído izquierdo. Mi teoría era que los sonidos que escuchaban no me permitían oir esos leves sonidos que me hacían escuchar en la prueba (me pareció hasta normal). Cuando me enteré la primera vez de la pérdida de audición, en el médico público, me harté de llorar. Sobre todo, porque el hombre no me dijo ni que podría pasarse, sencillamente aquello parecía un caso perdido.

Con la medicación que me mando la otorrino privada noté ciertos altibajos. Algunas semanas estaba mejor, otras mucho peor, pero algo era algo. Con esos ratitos de mejoría me conformaba. Tengo que añadir que estuve demasiado tiempo tomando la medicación y debí parar antes.

Lo mejor de todo fue cuando me dieron los resultados de la resonancia… Me puse a llorar de emoción. No aparecían anomalías en el oído. Sin embargo, eso también me provocó cierta incertidumbre… ¿Qué leches tengo?

Cuando me volvieron a dar la segunda cita con el otorrino yo ya no tenía ni ganas de ir, pero sí que había notado ciertas mejorías o evolución. El zumbido se había calmado, ahora sólo escuchaba un pitido (os prometo que es menos molesto), pero había un inconveniente: empecé a escuchar el pitido en el oído derecho. Mi pensamiento fue: ¡voy a quedarme sorda del todo!

En la cita me repitieron la audiometría. ¡Tienes los dos oídos iguales! Me dijo el enfermero. Yo casi me pongo a llorar de nuevo y, cuando me vio la cara de pena, me dijo: “Igual de bien, chiquilla”.


FELICIDAD

No había noticia mejor. La pérdida de audición había desaparecido casi del todo (estaba dentro de los límites normales) y encima la resonancia salió genial. Después de la pesadilla de los últimos meses, estaba deseando perder de vista a el otorrino y no tener que volver más.

Sigo creyendo (lo mismo me equivoco) que ningún médico llegó a pronunciar la palabra acúfeno. Sólo la segunda vez que fui de Urgencias y me atendió un compañero de mi médico de cabecera, el hombre me sacó hasta folios con información sobre los acúfenos. Bueno, él y mi fisioterapeuta que hizo todo lo que estaba en su mano por ayudarme. No conseguimos mucho, pero aprendí a tomarme las cosas de otra forma…

Actualmente, el pitido es casi imperceptible con sonido ambiente. Lo escucho levemente con los cascos puestos (sin música) y, sobre todo, cuando me acuesto en la cama. Ahí, mis amigos (porque son sonidos de todo tipo) vuelven conmigo y me velan. A veces, uno de los dos oídos zumba como un condenado y parece que estoy en el puerto de Algeciras. Igualito que un barco, a veces hasta me río hablando de él. Otras noches casi ni les echo cuenta y me olvido por completo.

Me siento verdaderamente afortunada de mi situación actual, porque puedo hacer vida con casi total normalidad. También suelo ser precavida con sonidos fuertes, aunque hace poco me atreví a ir a un concierto con los tapones puestos… De momento, estoy bien… Aunque tengo mucho miedo porque sé que en cualquier momento puedo volver a mi situación inicial y, de verdad, que fue un auténtica pesadilla.

Es duro pensar que las personas como yo (y las que están mucho peor) no tengan un tratamiento. Es una enfermedad que aparece de repente y se puede quedar toda la vida. Espero que pronto saquen un remedio que alivie el malestar de las personas con casos graves de acúfenos. Mientras tanto, mucho ánimo a todo.

Si estás sufriendo esta enfermedad o crees que sus síntomas se asemejan a lo que tienes, te recomiendo por ejemplo buscar grupos de Facebook de personas que se encuentran como tú o algunos blog especializados. Ellos quizá puedan darte mucha más información de la que te suelen ofrecer algunos profesionales de la medicina…

Y si se ríen y te preguntan si oyes voces… Tranquilo, es una broma recurrente.

Gracias por llegar hasta aquí.

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Acerca de sarappm

Periodista desterrada, escondida en un rincón de internet. Mente inquieta. Amante de Android, casada con Google y viviendo un reciente noviazgo con Google+. Pero mi amor verdadero es Twitter. Me encanta idear...inventar y crear. ¡Ilusión y ganas! En busca de la felicidad. ¿Mis intereses? Todo lo que pueda entender y contar. Me conocerás en @sarappm.
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Una respuesta a Y el silencio dejó de existir

  1. Evidentemente, no conocía de tu dolencia….pero me alegro que ya estés mucho mejor. Ánimo con “esas voces” y que todo vaya a mejor.
    Un abrazo muy fuerte 🙂

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