Trabajar gratis


En este post voy a ser escueta, directa y sencilla (como los titulares), pues no tenemos todo el día para leer.

Razones para trabajar gratis

TrabajoA día a de hoy es muy frecuente trabajar gratis o, como lo llaman ahora, colaborar. No penséis que soy una detractora de este tipo de actividades, simplemente no me gusta que se haya generalizado esta práctica y abusado de ella. ¿Cuándo creo que hay que trabajar gratis?

  • Cuando se trata de un proyecto entre profesionales que están empezando y en el que eres parte. Quieres ayudarles de manera voluntaria a arrancar para apuntarte un tanto en tu currículo o, sencillamente, obtener beneficios con ellos cuando el proyecto dé sus frutos.
  • Cuando recibes algo a cambio: estás aprendiendo, quieres aportar experiencia en tu CV (se trata de unas prácticas, voluntariado o una colaboración por tiempo determinado, pues no eres novato para siempre), se trata de una colaboración puntual que te aporta visibilidad o reputación en tu sector…
  • Cuando la empresa no se lucra con tu trabajo y todos ponen su granito de arena para un fin común o social. El clima es bueno y de confianza.
  • Es un trueque, un intercambio de trabajo y beneficios.

Seguramente haya miles de razones más, pero éstas son las más fáciles y las que se me han venido primero a la cabeza.

Razones para NO trabajar gratis

Todos conocemos al eterno becario, pero también a las empresas que te piden descaradamente tu colaboración “ad eternum”, sin nada más. Que sí, que la visibilidad está bien, pero hasta cierto punto… Muchas veces lo de la visibilidad es muy relativo y, al final, eres tú mismo el que te generas tu propia visibilidad sin darte ni cuenta y creyendo que le debes la vida a los demás. ¿Cuándo creo que no debemos trabajar gratis?

  • Fundamentalmente cuando la empresa en cuestión se lucra con tu trabajo o cuando hay un cliente final que percibe algún tipo de beneficio. No dejes que una empresa en cuestión ofrezca un servicio a un cliente final de manera gratuita y recurrente a tu costa, porque eso supone que no valora tu trabajo y que así va a ser siempre. Tenemos que hacernos valer. No seremos ingenieros, pero trabajamos igual de duro y las mismas horas o más.
  • Tampoco tenemos que trabajar gratis a toda costa y con cualquier trabajo. Una colaboración debe tener sus límites y acordarlos antes de comenzar dicha colaboración o “voluntariado”. Además, el plazo de aprendizaje no es infinito y, cuando tienes ya cierta experiencia, no estás en fase de aprender. Sí, las circunstancias actuales son muy complicadas, pero piensa que si todos nos rebajamos a coger lo que sea, sin cobrar, el tiempo que sea, nos estamos perjudicando a nosotros mismos y a otros compañeros. No, no te va a beneficiar en nada y puede perjudicar nuestra reputación. Luego en las ofertas de empleo te piden 5 años de experiencia y niveles que no se corresponden con lo que ofrecen. Nos estamos convirtiendo en las imprentas que sustituyeron a los escribas, pero con la misma mano de obra y las mismas capacidades. A esto algunos lo llaman “competencia desleal”.

Consecuencias del trabajo gratis

  • Se acabará bajando el nivel y la calidad del trabajo, al menos en muchos casos. Eso perjudica al sector profesional y a los resultados del trabajo en cuestión.
  • Te acabas quemando. Todos trabajamos por dinero, por mucho que nos guste lo que hacemos. Necesitamos sobrevivir en este mundo que cada día es más caro.
  • No cotizas… Algún día te preocuparás por ello.

A continuación, añadan sus ideas y aportaciones. ¿Cómo lo véis?

 

 

 

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Publicado en comunicación, Sin categoría, That´s me | 4 comentarios

“Los buenos”


Paradme, atadme, no me dejéis escribir lo que pienso. Hace tiempo que no cojo un boli, una libreta chula y dejo volar mi imaginación. Lo peor es que también hace tiempo que no digo lo que pienso por escrito, sin imaginación ni nada, sólo la realidad.

Paradme, atadme, no quiero que lo sepan. Soy una cobarde o quizá no. Soy una humana débil y no me gusta este juego. En el manual venían algunas reglas, pero ni en Google encuentro los trucos. Estoy en una fase imposible de superar con tan poca energía, me consume las vidas y no hay manera de destruir a los enemigos que se camuflan en los escenarios.

No dejéis que lo diga, que me vengo arriba y me vuelvo loca. Sólo una copa de más para repetir una vez más lo infeliz que soy. Las lágrimas de la última vez me hicieron darme cuenta. No voy por el buen camino. Pero se olvidó todo con el dolor de cabeza infernal que me consumió las fuerzas. Se me va la ira por la boca y no, no me da la gana de perder más mi tiempo.

Pero llega un lunes y luego otro. Después llega un martes y parece que es lunes, pero no, que al final es jueves y… ¡menos mal que mañana es viernes!

Un fin de semana más y luego exploto… Pero dame un respiro, unos días de descanso, que luego llega el lunes y otra vez se me olvida tomar decisiones.

La esperanza es que, como dice la canción, sólo queden los buenos… Que nadie nos enseñe dónde parar.

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¿Por qué me cuesta delegar?


¿Cuántas veces le has pedido a otro que te eche una mano en algo? ¿Sueles compartir responsabilidades con otras personas? ¿Colaboras en proyectos con un equipo de profesionales? Si en tu día a día sueles repartir tareas o eres responsable de un equipo, puede que te unas a mi sentimiento. Sin embargo, también habrá casos en los que suceda todo lo contrario. Tú, sí, tú… ¡Necesito que me cuentes tu secreto!

Dificultad transmitiendo prioridades

Bueno, en realidad podríamos llamarlo dificultad para establecer prioridades. TODO ES URGENTE. Cuando pido algo a alguien, normalmente, es prioritario. Si no pido nada es porque todo es procrastinable. Como a veces tengo la sensación de que mis prioridades son mías y de nadie más, me resulta complicado que la gente entienda el hecho de que “esto es para ahora”.

Fíjate que yo no soy muy exigente. No lo quiero para ayer, lo quiero (el cliente lo quiere) para ahora. Y es que la inmediatez de las redes sociales a algunos nos tiene absorbidos.

Cada uno tiene su estilo

¿Alguna vez has tenido que hacer una presentación que otro iba a “presentar”? Muchas veces me he enfrentado a estos casos. Alguien tiene una idea, la cuenta y luego tú la tienes que pasar a letras en pantalla. Hombre, puede que seas rápido captando la esencia de esa idea, pero lo más normal es que haya un alto margen de error entre lo que esa persona espera y lo que tú transmites. Y es que cada uno tiene su estilo… Seguir leyendo

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Cosas que aprendí en las últimas 24 horas


Ayer fue un día nefasto, sí, fue lunes.

Sin embargo, de los peores días es de los que más se aprende y hay una serie de ideas que aprendí y quiero compartir. A modo de desahogo, a modo de aprendizaje colectivo.

  1. El trabajo más duro, el que te lleva más horas, aquel que haces sola… Es el que nadie te va a reconocer. No esperes reconocimiento, por lo que tendrás que trabajar bajo otros objetivos: ser el mejor en tu trabajo, hacerlo lo mejor que puedes, dormir bien por la noches, dar la cara ante el cliente, etc.
  2. El día tiene un final: por mucho que temas el día y que te resulte largo, llega el final del día y te vas a dormir. Es algo que ni yo me lo creo, pero hay que tratar aprovechar cada momento, porque si no la vida se nos va a pasar muy rápido. Coge aire, distrae tu mente y olvida el mal rollo aunque sea por un rato. Date un capricho, habla con alguien de confianza…
  3. No decir que no a nada tiene sus consecuencias, hay que ser conscientes de ello. Aprender mucho, te dejas ver, pero también puede afectar a la calidad de tu trabajo y a la de tu vida. Pero si te administras bien, es positivo. Eso sí, hay que dejar hueco en la agenda de “no decir que no a nada” para los eventos, porque ahí mezclas trabajo, ocio y vida personal.
  4. Si vas a comprar congelado, asegúrate antes de que el congelador esté encendido y no rompas la cadena de frío. Sí, eso también lo aprendí anoche.
  5. No confíes en nadie… Sólo en James Gordon.

Probablemente aprendiese más cosas, pero a estas horas de la mañana, ¿qué esperáis? 🙂

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Compartir es vivir. Recuperemos el espíritu de Internet


Pues hoy me ha tocado volver a hablar en público. Sí, ese hecho que me quita el sueño por las noches (y sabía lo de la charla desde hace un mes) y me provoca nerviosismo incontrolado desde días antes. Pero al final, como suele pasarme casi siempre, la experiencia ha sido positiva y en el fondo he sentido que tenía algo que aportarle a los estudiantes de comunicación o a los ya graduados/licenciados. Porque cuando yo estaba estudiando me hubiese gustado que alguien me hubiese dicho “¡Espabila!”, y me enseñase un poco de ese mercado laboral al que todos tenemos que enfrentarnos más tarde o más temprano.

Las jornadas hablaban sobre emprender en el sector de la comunicación (organizado por Sevilla Directo y la FCOM) algo que ya es más habitual de lo que nos hacen creer en la carrera. Mi aportación, como era de esperar, iba encaminada a la parte de redes sociales y las labores de ese perfil tan conocido ahora, el “community manager”.

Después de las últimas noticias que circulan por ahí sobre pagar cánones y multas por compartir contenido de terceros o links en la Red… Me he planteado como reto recuperar la filosofía original de Internet y las redes y que se deje de enseñar a la gente extrañas ideas sobre la propiedad. En definitiva, como se suele decir: “Compartir es vivir”… Y citar a tus fuentes es todo un detalle.

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Soy de las que no duerme por las noches…


Soy de las que no duerme por las noches, cuando tiene algo que le ronda la cabeza. Culpabilidad, malestar, preocupación. Hay diversos estados de ánimo que no me ayudan a conciliar el sueño y mira que yo para dormir siempre he sido buena, hasta con la persiana para arriba.

Y es que en ocasiones tienes que decir cosas que no querías o que simplemente no sabías cómo manifestarlas. Soy un poco visceral a veces, algunos dirían natural. Yo lo suelto y ya está. Luego, me doy cuenta del error en mi estrategia (o la inexistencia de ella) y empiezo a darle vueltas… Y ahí empieza a mermar el sueño.

No hay cosa que más rabia me dé que no poderme dormir por las noches, por eso, me pongo a leer o ver series hasta que me quedo dormida y el ordenador, el Kindle o el móvil se caen de la cama, despertándome con un ruido estrepitoso. Pero salgo victoriosa, me duermo. Esta estrategema no siempre es válida, porque me he visto leyendo a las 2 de la mañana, cuando al día siguiente (o en el mismo día, mejor dicho) el despertador suena a las 7.

¿Y qué le hacemos? Algunos me recomiendan aplicar psicología, ¿pero qué pasa cuando todos los factores no dependen de mí? ¿Cómo podemos manipular un contexto negativo o hacerlo invisible? A veces me gustaría ser un poquito Underwood para poder ver el problema, pararme a pensar y encontrar una fórmula que me lleve al éxito. Y no, el éxito no está en la presidencia de los Estados Unidos (al menos en mi caso), el éxito estaría en poder estar rodeada de un contexto agradable y de un cerebro bien amueblado que me permitiese ejecutar con precisión las ideas que tengo en la cabeza para conseguir esos objetivos que tantas satisfacciones me otorgarían por las noches cuando me voy a dormir.

Pero siempre nos quedará echarle la culpa a la juventud (o no).

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Micropíldoras: la tristeza del ser trascendental


Y yo me digo: “Hoy no es el mejor día para ponerte trascendental”. Porque sabes que ponerte filosófica y espiritualmente cuestionadora significa que te pondrás triste, que lo pondrás todo en duda: tu vida, tu trabajo, tus amigos… ¿Qué leche haces? ¿Por qué todavía no has reaccionado?

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